McLeod, S. (1988). Translating enthusiasm into curricular change. New directions for teaching and learning (36), pp. 5-12.
El texto, publicado hace ya 22 años, presenta una propuesta, un plan estratégico, orientado a explicar cómo se pueden introducir programas WAC (Writing across de curriculum) de forma permanente, estable y transversal en el curriculum, para la alfabetización académica de estudiantes universitarios. Su plan contempla no solo la creación de cursos de composición, sino también la existencia de entidades como directores WAC que velen por la institucionalización efectiva de esta iniciativa.
La propuesta hecha por la autora –desde la propia experiencia como directora WAC-, parte de la constatación de que no se puede insertar un cambio como este sin tener ciertas reticencias por parte de algunos sectores. Por lo mismo, es fundamental tener un proyecto que considere todas las variables posibles, como cuántos cursos, su diseño, dónde implementarlos, con el apoyo de quién, etc, y que vea donde el cambio puede hacerse realmente. McLeod (1988) cree en la necesidad de establecer la escritura como una herramienta para enseñar y aprender a través de todo el curriculum, integrándolo completamente dentro de todas las clases y todas las disciplinas (p.5). Este grado de conciencia surge, indiscutiblemente, de que McLeod –tal como Carlino (2003)[1]- entiende que la alfabetización es un proceso (saber en desarrollo) relacionado con el aprendizaje de cada disciplina y la inserción en una determinada comunidad discursiva, y que esto se logra solo en la medida que la escritura es comprendida en términos de su potencial epistémico.
La autora sugiere tres tipos de cursos que pueden ser incluidos en el curriculum:
a) Freshman Composition (cursos introductorios para novatos): son cursos sobre los que se puede dar un marco sobre las convenciones discursivas y sobre las expectativas de la comunidad académica de la cual forman parte (p.6). Los cursos deben centrarse más en el alumno que en el profesor. Deben ver el proceso de escritura como un proceso social, por lo que se hace necesario que incluyan selecciones de textos de todas las disciplinas. El contacto con distintos textos ayuda a que los alumnos reflexionen sobre distintas materias, desarrollen un pensamiento crítico y puedan asignarles un sentido a esos textos. Deben, además, incluir tipos de texto más comúnmente utilizados en cada disciplina, como informes de laboratorio, ensayos, resúmenes, etc.
b) General Education Courses (cursos de formación general): son cursos enfocados en desarrollar habilidades cognitivas que impliquen un razonamiento superior, bajo la premisa que escribir y pensar están estrechamente ligados (p.7). Algunas tareas que se pueden asignar a los estudiantes son el que se lleve una bitácora o un “diario de aprendizaje”, en que se reflexione a partir de las lecturas, sin escudarse en que el curso es muy numeroso, pues esto incluso puede facilitar la enseñanza.
c) Upper-division Writing-Emphasis Courses (cursos disciplinares con énfasis en la escritura): son cursos orientados a la integración del estudiante a la comunidad discursiva correspondiente a su disciplina. Se enseñanza a cada estudiante cómo escribe alguien de su profesión. Estos cursos, a diferencia de los otros según la autora, son cursos que requieren a un experto en la disciplina que sea asesorado por un director WAC, con el fin de que no solo se aprenda a transmitir ese conocimiento especializado en tales formas y formatos, sino que se cree conocimiento a través de la escritura (p.8).
El plan de McLeod parece pertinente y adecuado a la realidad estadounidense, pero ¿qué se puede hacer en países como Chile? Carlino (2003) mencionaba ya algunos cambios introducidos en algunas universidades norteamericanas, en las que existe un requisito de escritura y hay materias relacionadas con la composición (como los cursos de escritura intensiva); sin embargo, ¿cuánto tiempo tuvo que pasar para lograr esto? ¿Qué es lo que hace que aquí no se implemente? El entusiasmo está, pero lo que falta es un plan estratégico que se adecue a la realidad chilena. Quizás se debería partir por implementar cursos introductorios como los que propone McLeod, pero divididos por área (artística, social y científica), con el fin de que los novatos se relacionen desde el principio con terminologías o temáticas propias de la carrera de su interés. Estos cursos deberían ser organizados por un organismo o centro que contara con el apoyo de toda la universidad, no solo el de los administrativos, y que se dedicara plenamente a la alfabetización académica. Probablemente se piense que la tarea es imposible por la falta de recursos, pero si se insta a privados (empresas por ejemplo) a que colaboren, convenciéndolos que invertir en este tipo de programas podría garantizar un profesional realmente calificado (más allá de lo técnico), ¿es tan ilusorio? Habría que intentarlo.
[1] Carlino, P. (2003). Alfabetización académica: un cambio necesario, algunas alternativas posibles. Educere Investigación (20), pp.409-420.
1 comentario:
Excelente trabajo!
Muy bien logrado el diálogo con otros textos y el desarrollo de una ficha de lectura de la que puedas luego recuperar información valiosa.
Un detalle: creo que sería bueno traducoir el texto como "Conviertiendo el entusiasmo en cambio curricular" o "Traduciendo".
Para más detalles, mira la retroalimentación intermedia en el sitio web del curso.
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