Tolchinsky, L. & Simó, R. (2001). La escuela en los procesos de alfabetización. En Escribir y leer a través del currículum (pp. 159-165). Barcelona: Universidad de Barcelona.
El capítulo gira en torno a dos puntos centrales: el rol desalfabetizador de la escuela y la banalización de la escritura. El primero apunta a dar cuenta de la falta de integración que han tenido las nuevas tecnologías en las aulas de clase como material para la comunicación y la información; el segundo refiere al uso indiscriminado que ha tenido la escritura en la escuela. En atención a estos dos puntos, las autoras advierten que el “papel alfabetizador de la escuela puede peligrar si la escuela no toma algunos recaudos en relación con otros agentes alfabetizadores y en relación con su propia postura frente a la alfabetización” (Tolchinsky & Simó, 2001, p.159).
Las autoras parten con una redefinición de la mirada tradicional de la alfabetización. Proponen verla como la “participación activa en la cultura escrita, para ser parte de ella, para disfrutarla y para acrecentarla” (p.159), lo que conduce a entender la importancia que tiene el ser parte de la revolución cultural actual. No se puede pensar que la escritura solo se encuentra ligada a textos impresos, o que las maneras de representar la realidad están limitadas a estos, sino que debe comprenderse que en el entorno social hay otros agentes alfabetizadores que no son ni la escuela ni la familia. Las nuevas tecnologías son un agente alfabetizador con una alta influencia en la actualidad y, por ende, la no incorporación de estas a la enseñanza supondría la desaparición gradual como agente alfabetizador de la escuela, que es para muchos el único lugar en que pueden ser alfabetizados (p.160), y uno de los pocos medios que puede garantizar una relación efectiva y adecuada con las formas de conocer y relacionarse con el conocimiento.
Sin embargo, el sentido desalfabetizador no solo involucra el uso o no de estas nuevas tecnologías, sino también la banalización que se hace de la escritura, al insistirse en verla como una “técnica gráfica, como medio de transcribir el lenguaje hablado proponiéndose como objetivos escribir como se habla y hablar como se escribe” (p.160), lo que desvincula la escritura de “la participación en procesos comunitarios de culturización” (p.160). Desde esta perspectiva, la escritura queda sujeta a un mero mecanicismo y no a un proceso de reflexión, de aprendizaje, en donde la información es transformada en conocimiento efectivo –como Miras (2000) propone que sea vista[1]. La escritura necesita ser entendida como un “instrumento que afecta la manera de pensar y, por lo tanto, la manera de conocer. No sólo tiempo y uso contribuyeron al desarrollo de las funciones epistémicas de la escritura, también su propia enseñanza” (Tolchinsky & Simó, p.162). En definitiva, se debe escribir solo cuando tenga sentido hacerlo.
Se puede deducir de la lectura, luego, que habría una crisis de escolarización –como ya lo mencionaba Gee (1996)[2]-, en el sentido que el problema no radica en si los estudiantes saben leer y/o escribir en referencia a la mirada tradicional, sino cómo se hace uso de las TIC y la brecha social que puede abrirse entre los estudiantes de distintas escuelas. Para las autoras la “acción de estas tecnologías expande la idea de comunidad de aprendizaje hasta dimensiones ilimitadas, obviamente para quien pueda y quiera acceder a ellas” (Tolchinsky & Simó, p.160), pues facilita el acceso y la circulación de la información, y también permite el desarrollo de la habilidades que los nuevos espacios de escritura solicitan (p.160), puesto que estos espacios se inscriben en géneros y prácticas sociales que, si bien están medianamente incorporados por algunos, resultan ajenos o desconocidos para la mayoría. No hay que olvidar que cada género requiere maneras de leer y escribir diferentes. Así, una mayor conciencia del potencial de las TIC, permitiría que el profesor dejara de ser la única fuente del conocimiento, y fuera en cambio una guía para que los estudiantes indagaran por su cuenta y desarrollaran una mirada crítica de la información que les proporciona el entorno social. No hay manera más didáctica de enseñar que apelar a los intereses de las personas, a los mecanismos que ellas tienen para relacionarse con la realidad.
[1] Miras, M. (2000). La escritura reflexiva: aprender a escribir y aprender acerca de lo que se escribe. En Infancia y aprendizaje, 65-80.
[2] Gee, J. P. (1996). La alfabetización y el mito de la alfabetización: De Platón a Freire. La ideología en los discursos (pp. 37-60). Trad. Pablo Manzano. Madrid: Ediciones Morata.
1 comentario:
Bien!
Publicar un comentario